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Archive for the ‘Psicología’ Category

“A veces tenemos que aceptar que hay gente que se queda en nuestro corazón aunque no se quede en nuestra vida”.

“El perdón llega cuando los recuerdos ya no duelen”.

“No esperar nada de nadie es la clave para evitar la decepción”.

“Regla simple: el que te quiere te busca”.

“Recuérdame como lo mejor que dejaste ir”.

“Hasta la persona más enamorada se cansa de dar todo por alguien que no le da nada”.

“Una palabra o una actitud pueden matar completamente las ganas de luchar por alguien”.

“Todos ven lo que aparentas pero pocos ven lo que realmente eres”.

“Existen personas que no dejan una huella y otras que nos marcan para toda la vida”.

“No muevas montañas por personas que ni siquiera moverían una piedra por ti”.

“No hay nada peor que el rechazo, la indiferencia y el silencio como respuesta”.

“Cuando estás arriba, tus amigos saben quién eres. Cuando estás abajo, tú sabes quiénes son tus amigos”.

“El amor encontrará un camino. La indiferencia encontrará una excusa”.

“Llega un momento en la vida donde necesitas ver dónde estas, mirar hacia dónde quieres ir y dejar aquello que te atrasa”.

“Un gran error es arruinar el presente recordando un pasado que ya no tiene futuro”.

“No aprendes realmente una lección hasta que te duele”.

“Las personas normales cometen errores, los cobardes tratan de ocultarlos”.

“Puedes cerrar los ojos a cosas que no quieres ver, pero no puedes cerrar tu alma a cosas que no quieres sentir”.

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Mil máscaras

Muchas veces me veo fingiendo,

fingiendo ante la gente, ante la vida, ante mí.

Diciendo cosas que no pienso,

y pensando cosas que no siento,

recordando momentos que no han sucedido,

y deseando sueños que no necesito.

Engañándome con miedos que no tienen sentido,

y protegiéndome con escudas mentiras,

de todo aquello que me hace ser distinto.

Es como si quisiera no defraudar a nadie,

como si me impusiera caer bien a todo el mundo,

como si tuviera mil máscaras,

con las que dar a cada uno de lo suyo.

Hay veces en las que no me atrevo a decir no,

en las que tengo miedo a expresar lo que pienso,

en las que algo me impide mostrar,

todo lo que aquí dentro tengo.

Y me escudo tras una afirmación o una sonrisa,

tras un guiño o un “ lo que tú digas”.

No me atrevo a expresar verdaderamente lo que siento,

me importa más lo que de mí digan,

que lo que yo les cuento,

me importa más ganarme por encima de todo su cariño,

que ser con orgullo yo mismo,

me importa más darles contínuamente la razón,

que utilizar mi criterio aunque no me den su aprobación.

Finjo, finjo para no caer mal a la gente,

para ganarme de cada uno de ellos su respeto,

para tener la irreal ilusión de que me quieren,

para sentirme protegido en un mundo que no comprendo.

Finjo, y cada vez me siento más perdido,

más alejado de lo que verdaderamente quiero,

aunque tal vez ahí esté el principio de todo,

que no sé muy bien qué es lo que deseo,

que no sé muy bien cómo soy,

que no sé cuál es el camino ni a dónde voy.


Alfredo Cuervo Barrero

 

 

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¿ Por qué nos duelen tanto las palabras?,

dejamos que entren en nosotros,

apenas ya hayan sido escuchadas,

provengan de donde provengan nos afectan,

se clavan en nuestra cabeza como un eco,

que se expande y no para de darnos vueltas,

que murmulla y retumba a sus anchas,

hasta que cansado y victorioso se aleja,

dejando tras de sí los rastros de su presencia,

desmantelando el poco orden ya habituado,

a deshacerse con cada nueva esporádica tormenta.

Las cogemos y parece que ya no podemos soltarlas,

sobre todo a las que nos hieren,

a esas no nos basta con aceptarlas,

tenemos que repetírnoslas hasta que nos sangran,

siempre ajenas e insospechadas,

las que menos piensas son las que más te calan.

No hay por qué defenderse contra estas estacas,

la mayoría de las veces se alardea más de su dureza,

que de la profundidad y sentido con la que están hechas,

a través de ellas conocemos a quién las expresa,

sino sabe tratarlas ese es su problema,

insultos, desquites, rabias, ofensas,

nuestros oídos con éstas tienen que estar llenos de cera,

no han de merecer ni la más mínima respuesta.

Porque… y si en el fondo no fuesen más que nada,

impresiones, las escogemos o las ignoramos,

depende de nosotros que sean invitadas bienvenidas,

o huéspedes intrusos que pasean por nuestra morada,

y es que casi siempre parece que acaban por olvidarse,

ya sean promesas irrompibles juradas con el alma,

sueños soñados sedientos de un futuro que no se alcanza,

ilusiones alimentadas llenas de la mejor esperanza,

se quedan en humo si al final la acción no las acompaña,

si todo esto sólo existe tras coartadas de palabras.

Por eso prevalecerá un solo abrazo sobre un “te deseo”,

una sincera compañía sobre un ” qué tal el día”,

un compartido silencio sobre historias vacías,

una simple caricia sobre miles de frases repetidas.

apenas ya hayan sido escuchadas,

provengan de donde provengan nos afectan,

se clavan en nuestra cabeza como un eco,

que se expande y no para de darnos vueltas,

que murmulla y retumba a sus anchas,

hasta que cansado y victorioso se aleja,

dejando tras de sí los rastros de su presencia,

desmantelando el poco orden ya habituado,

a deshacerse con cada nueva esporádica tormenta.

Las cogemos y parece que ya no podemos soltarlas,

sobre todo a las que nos hieren,

a esas no nos basta con aceptarlas,

tenemos que repetírnoslas hasta que nos sangran,

siempre ajenas e insospechadas,

las que menos piensas son las que más te calan.

No hay porqué defenderse contra estas estacas,

la mayoría de las veces se alardea más de su dureza,

que de la profundidad y sentido con la que están hechas,

a través de ellas conocemos a quien las expresa,

sino sabe tratarlas ese es su problema,

insultos, desquites, rabias, ofensas,

nuestros oídos con éstas tienen que estar llenos de cera,

no han de merecer ni la más mínima respuesta.

Porque… y si en el fondo no fuesen mas que nada,

impresiones, las escogemos o las ignoramos,

depende de nosotros que sean invitadas, bienvenidas,

o huéspedes intrusos que pasean por nuestra morada.

Y es que casi siempre parece que acaban por olvidarse,

ya sean promesas irrompibles juradas con el alma,

sueños soñados sedientos de un futuro que no se alcanza,

ilusiones alimentadas llenas de la mejor esperanza,

se quedan en humo si al final la acción no las acompaña,

si todo esto sólo existe tras coartadas de palabras.

Por eso prevalecerá un solo abrazo sobre un “te deseo”,

una sincera compañía sobre un ” qué tal el día”,

un compartido silencio sobre historias vacías.

 

Alfredo Cuervo Barrero

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