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Archive for 30 enero 2012

Es tan poco…

Lo que conoces
es tan poco,
lo que conoces
de mí.
Lo que conoces
son mis nubes,
son mis silencios,
son mis gestos.
Lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera,
son los postigos de mi tristeza,
el llamador de mi tristeza.
Pero no sabes
nada.
A lo sumo,
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti.
Lo que conozco,
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos.
Lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera,
son los postigos
de tu tristeza,
el llamador de tu tristeza.
Pero no llamas.
Pero no llamo.
Mario Benedetti
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El jardín olvidado

Publico un fragmento de “El jardín olvidado” de Kate Morton, mi última adquisición. Engancha muchísimo, es muy buena obra y está perfectamente narrada. Misterio, amor, desarraigo y búsqueda confluyen a lo largo de cada página, dejando al lector sin aliento. Me sumerjo cada vez más en la historia del libro, donde los personajes cobran vida, abandonando los estandartes estáticos y arquetípicos que aparecen en algunas novelas con influencia victoriana, gótica e histórica. El argumento tiene un marcado contexto temporal que diferencia la acción en tres épocas diferentes. A lo largo de cada capítulo, buscaremos junto a Nell y Cassandra los misterios de su vida, el por qué de sus angustias.

“Abrió la puerta, y él entró sin decir palabra. Se le veía tan grande en el estrecho pasillo, y aunque a estas alturas ella lo conocía bien se sentía tímida, no podía mirarlo a los ojos.  Él también estaba nervioso; saltaba a la vista, aunque hacía todo lo posible por ocultarlo.

Se sentaron frente a frente en la mesa de la cocina y la luz de la lámpara tembló entre ambos. Un lugar extraño para sentarse en una noche semejante, pero así eran las cosas. Ella se miró las manos, se preguntó cómo proceder. Todo había parecido tan sencillo al principio. pero ahora, el camino a seguir estaba trabado por hilos esperando que se tropezaran. Tal vez estos encuentros siempre fueran así.

Él se acercó. Ella respiró hondo, mientras él tomaba un mechón de sus cabellos entre dos de sus dedos. Lo examinó durante lo que pareció una eternidad. Miró no tanto al cabello sino al extraño hecho de su cabello entre sus dedos.

Por fin, alzó los ojos y la miró. Su mano se acercó hasta descansar en la mejilla de ella. Entonces él sonrió, y también ella. Suspiró con alivio y con algo más.”

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Tu fortaleza reside en tu interior.

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Temer al amor es temer a la vida.

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Sólo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.

Sólo tú y yo sabemos por qué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío…
Y aún nos arde en los labios algún beso reciente.

Sólo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.

Y así dos orillas tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.

 

José Ángel Buesa

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