No existe el tiempo,
no la distancia,
no la muerte;
existe la vibración,
el movimiento,
el incesante cambio:
ser, dejar de ser para volver a ser.
Un segundo trae ya la carga de su muerte
y el embrión de su vida.
La yerba que pisamos,
aquél sofá de mimbre,
tu explicación de Bergson,
la dulce cama,
todo tiene esa dimensión remota
de una isla escondida
en el centro mismo del devenir
para evadir la muerte
y ser pura vibración, puro presente.
“Elegía XVI” de “Canción de Moisés” de Enriqueta Ochoa
“…tu explicación de Bergson,”
Es el tipo de cosas que hacen la vida irrenunciable.
Bella elección, Lina. Saludos,